16 de agosto de 2014

Crushes de Aeropuerto

Siempre he pensado que conoceré a alguno de los amores de mi vida (sí, yo creo que no tenemos sólo un “amor de la vida”) mientras espero en el aeropuerto a algún viaje exótico (o no tan exótico ese realmente no es requisito), lo que importa aquí es conocer a esa persona en el aeropuerto, pero al menos durante mis 20’s me doy cuenta que eso no va a pasar.


Me he convencido a mí mismo de esto porque NADIE quiere ir arreglado al aeropuerto cuando tienes que tomar un avión antes de las 6 de la mañana, ni las morras ni los batos vamos cargando con todo en el morral y por cargar con todo en el morral me refiero que no vamos ni con outfit ni actitud coqueta, vas lo más cómodo posible con la mente ya en tu destino si es que vas de vacaciones o con ganas de mandar a la chingada a tu jefe por hacerte ir tan temprano si es que vas de trabajo y eso es un mata pasiones reconocido por la Sociedad Mexicana de Psicología (dato por confirmar). 


Como siempre, para que una regla sea regla debe haber una excepción y hay veces que te topas con personas que saben lucir el estilo desaliñado pre abordaje de avión. A mi ese estilo en morras me encanta, excepto cuando traen de esos trajes unicolor afelpados de señora gringa sureña.


Nunca he tenido un crush en el aeropuerto, pero si muchos gritoneo con los del aparador.


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Eslem Torres

5 de marzo de 2014

pasante.


La semana pasada fue la ceremonia para entrega de carta de pasante en la facultad donde estudiaba. Realmente yo no debía haber estado ahí porque yo terminé en Julio y debí participar en la ceremonia de Agosto pero por esto y por aquello no me inscribí. Durante todo el periodo de Agosto hasta ahora también he aplazado (malamente) el tramitar mi título por enfocar todo mi tiempo y dinero a In Cervesio Felicitas, eso que empezó como un hobby hace 3 años y que hoy se ha vuelto mi estilo de vida. 

Pero no todos pensaban igual, mi mamá si estaba interesada en verme en toga y birrete recibiendo un papel en una ceremonia oficial de la universidad así que tuve que hacer lo que cualquier hijo prudente haría... mentir... y según algunas mujeres se mentir muy bien. 

Cuando fui a preguntar sobre los requisitos para dicha ceremonia me decían que no podía entrar porque yo había terminado en Julio, pero de la manga (y gracias a mi roommate y sus comentarios ingeniosos) salió una justificación para decirles que no, que en realidad el kardex se había llenado en el semestre Agosto-Diciembre porque el certificado de prácticas profesionales aun no me lo daban (lo cual, para fines prácticos, no aplicaba para entrar en la ceremonia) pero en mi experiencia, si no puedes convencerlo... confúndelo, así que terminó inscribiéndome o porque le cansé o porque lo confundí o porque lo convencí. 

Por supuesto que al llegar el día yo estaba neceando porque podía y debía estar atendiendo otros asuntos de mayor relevancia para mi que tenían que ver con In Cervesio Felicitas. 

Terminó, todos para sus casas y los días pasaron. Mi mamá ya aprendió a subir las fotos que toma en su celular a su Facebook así que empezó a subir las de la ceremonia, muy contenta y con mucho orgullo y todas sus amigas felicitándola a ella porque su hijo había terminado la carrera. Yo, como el troll son que quería ser iba a ponerle que no exagerara, que la ceremonia fue de chocolate porque en realidad terminé en Julio... pero la verdad es que la vi muy entusiasmada y preferí que ella fuera feliz a yo tener la razón. 

A veces hay que mentir por un bien mayor. 

Nos estamos leyendo. 
Eslem Torres 

23 de febrero de 2014

cartas de amor y otros suvenires.

Aparentemente tengo una fijación por los cofres, es de esas cosas que no notas hasta que las notas pero una vez que las notas no puedes dejar de notarlas. Por más que trackeo esto llego a la conclusión de que fue por mi abuela, que tenía muchos cofres donde guardaba, pues, muchas cosas (recuerdo uno en lo particular lleno de monedas viejas y que cuando iba a visitarla de niño me engañaba que era un cofre del tesoro que se encontró y que por eso no trabajaba) de los cuales conservo dos que me regalo antes de que falleciera.  


No les había puesto la suficiente atención a estos detalles hasta hace unos pocos días que hablando con mi mamá sobre cosas adultas (como que nos faltaban chocolates y nieve en el refrigerador) salió el tema de un cofre que tengo en la sala.  

Aparentemente aun de niño, cuando venía a visitar a mi abuela, me ponía a jugar con sus cofres que usaba para esconder mis juguetes o piezas de LEGO como parte de mis juegos y mi abuela mejor opto por regalarme los dos con los que tenía más apego, uno en lo particular es muy bonito, muy adornado, muy chapado a la antigua y en mi particular gusto se ve muy kitsch pero ese soy yo. 


Cuando mi abuela me lo regalo se sentó conmigo y me empezó a explicar que, en unos años, cuando empezara con las novias y las amiguitas, estas suelen dar cartas de amor y mechones de cabello para que su enamorado las conserve y que ella quería que usara dicho cofre para guardarlos con cariño, me dijo "guarde todas las cartas mijo, cada piedra por la que te tropieces va a ser una historia, buena o mala, usualmente mala, pero te va a ir definiendo para que estés seguro de cual es el tipo de mujer para ti" Yo, un niño de 7 años, no'mas le decía que sí a todo, yo lo único que quería era jugar con mi cofre. 


Ahora, después de varios años sin mi abuela y otros tantos más con el cofre puedo decir que no he guardado ninguna carta de amorsh ni mechones de pelo, seguramente mi abuela se habría decepcionado que ahora los mensajes de amor se mandan por whatsapp y muchas veces solo dicen "¿un quicky?" aunque creo que lo que mas le habría decepcionado sería que uso su cofre para guardar las Lujito Card del Sierra Madre Brewing Co. que vamos coleccionando mi roommate y yo.  


La verdad es que no me gustaría coleccionar cartas, mucho menos mechones de cabello, me gusta guardar historias y anécdotas, muchas terminan siendo escritas, rara vez compartidas y un pequeño pero significante bonche termina siendo escrito a mano en alguna libreta y luego se pierde, al fin de cuentas, como los recuerdos que son.  


Nos estamos leyendo 
Eslem Torres